Cuentan de un joven judío que, al realizar un largo viaje en avión, le tocó sentarse junto a un anciano. El joven se mostró despectivo, altivo y grosero. En cuanto pudo, le solicitó a la azafata cambiarse de lugar; ella preguntó por qué y no tuvo reparo en contestar que el viejo de su derecha era insoportable, " tose y apesta". Al llegar a su destino el muchacho vio una gran comitiva de recibimiento; cientos de personas esperaban con ansia al anciano que resultó ser un gran maestro rabino. Entonces arrepentido de su actitud se acercó para pedirle perdón y solicitarle su bendición, pero él le contestó: "¿ Rechazaste al anciano y te acercas al rabino? Lo siento. no puede ser bendecido quien no es condescendiente. Tendrás que pedir perdón a todos los ancianos del mundo."
Un monje a punto de ser asesinado solicitó a su verdugo una última voluntad. "¿ Ves la rama de aquel árbol ?", le dijo. " Córtala con tu machete. " El asesino obedeció y la rama cargada de flores cayó al suelo. El monje le pidió entonces: " Ahora pégala para que vuelva a vivir y dé frutos. " El criminal se quedó confundido sin poder cumplir la última voluntad del monje. Entonces éste se incorporó y le hablo muy fuerte a la cara: " ¡ Piensas que eres poderoso porque destruyes y matas, pero eso cualquier necio puede hacerlo; escúchame bien, si quieres de verdad ser grande, construye y salva...!"
Soló el condescendiente salva.
La fuerza de Sheccid
Carlos Cuauhtémoc Sánchez
Felicitaciones por tus puntajes de Mecanet. La transcripción no tiene cita de texto ni puntos suspensivos.
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